Cheapflación y reduflación: menos cantidad y mismo precio

Los consumidores de cualquier rincón del planeta se enfrentan a un nuevo escenario, ese en el que los precios no dejan de subir mientras la cantidad disminuye sin previo aviso. Esta táctica se da principalmente en los alimentos preenvasados y se conoce ya como “reduflación”, es decir, reducir la cantidad sin hacer lo mismo con el precio.
A la reduflación le acompaña su prima hermana, la “cheapflación”, que no es otra cosa que dar una vuelta de tuerca al concepto original y bajar la calidad de los ingredientes sin hacer lo mismo con el precio. Sea una cosa u otra, lo cierto es que quien lo sufre es tu bolsillo.
Cuando te encuentras con un aumento inesperado de los gastos, es útil saber que existen soluciones como los préstamos rápidos, que ofrecen una opción para gestionar esos gastos adicionales sin tener que esperar mucho tiempo por una aprobación. Poco a poco se han convertido en una forma práctica de cubrir subidas temporales de precios.
Objetivo: calidad, cantidad y precio
Para intentar controlar esto lo mejor posible, desde la Organización de Consumidores y Usuarios están tratando de implantar una reforma. A través de un etiquetado correcto, se pretende proteger los derechos del consumidor para que el principio de transparencia prevalezca por encima de todo.
Estas prácticas despistan a los compradores, ya que al ver el mismo envase y/o el mismo precio no son conscientes de que el producto ha cambiado. Las sorpresas y las decepciones llegan cuando se abre y se ve que no hay una clara correspondencia entre calidad-cantidad-precio.
Una estrategia engañosa
Este marketing engañoso causa decepción y frustración en los consumidores, sobre todo porque los precios suben sin parar sin justificación que valga. La propuesta mencionada quiere que todos los productos que han sufrido una de estas dos prácticas, lo indiquen en el etiquetado para información de todo el mundo.
Si esto no fuera posible, el punto de venta sería el encargado de informar al consumidor en el establecimiento. El objetivo de esta medida es, además de proteger, informar de los datos necesarios para tomar una decisión de compra. De este modo, nadie podrá sentirse engañado al desempaquetar un producto.

La idea es que, en cualquier caso, los consumidores sean capaces de detectar con agilidad si un producto ha sufrido un cambio en su cantidad o calidad, lo que también afecta el precio. Para facilitar esta tarea, se propone que los cambios en el contenido o en los ingredientes se vean bien en el producto y sea comprensible.
Si por alguna circunstancia, el envase no puede indicar estas modificaciones, la obligación recaerá sobre los distribuidores. Estos tendrían la obligación de informar a los compradores en el supermercado, especialmente sobre el precio por unidad de medida, como por kilo o litro.
El nuevo enfoque solo pretende que los consumidores españoles evalúen de manera consciente y efectiva que el precio que están pagando se corresponde con la calidad del producto que se está comprando. Que no sea así empieza a ser una práctica muy habitual que deber frenarse lo antes posible.
Siguiendo los pasos de Europa
Estos cambios propuestos están en línea con otros países europeos como Alemania y Francia. En ellos se exige informar al consumidor de todas las variaciones posibles en el empaquetado de los productos que estén preenvasados. Hacer lo mismo en España sería encaminarse hace prácticas más transparentes.
No obstante, hasta que esto sea una realidad, solo queda recomendar que el propio consumidor controle los productos que compra con especial atención a los procesados, preenvasados y embolsados. Con ellos, es una práctica ya habitual y son los más susceptibles de alteraciones.
Aunque esto requiere de cierta disposición del consumidor, hay fijarse bien en los precios por unidad de medida, es decir, por litro o kilo. Estos datos permiten detectar el aumento de precio sin previa justificación o algún tipo de cambio en la cantidad del producto sin que el precio se vea afectado.
La solución pasa por mejorar la legislación
La transparencia en el etiquetado es vital para tomar decisiones informadas sobre todas las compras. Aunque falta tiempo para que la modificación sea efectiva, este tipo de reformas ayudará a empoderar a los consumidores y les dará las herramientas para saber si un producto ha sido modificado de alguna manera que afecte su valor real.
En conclusión, los compradores deben estar atentos a todas las variaciones que afecten la cantidad y la calidad de los productos que compran. Esta iniciativa para mejorar la legislación busca por encima de todo saber que no se paga de más por algo de peor calidad o menos cantidad.